La secreta vida literaria de Marilyn

La secreta vida literaria de Marilyn

noticias absurdasComo la otra cara de la luna, como el rostro opuesto al de la rubia resplandeciente, ha aparecido Fragmentos, un libro con poemas, notas personales y cartas escritos por Marilyn Monroe, una mujer-mito de la que parecía haberse dicho todo pero que, a las luces de este volumen, está visto que aún sabemos poco.

Como si fueran documentos de WikiLeaks, el libro con los textos inéditos de Marilyn (editado en español por Seix Barral) revela, a casi cinco décadas de su muerte (1962), una faceta hasta ahora desconocida por la gran mayoría: la de su pasión por la literatura, un amor que incluso es anterior a la creación de su mito, es decir, cuando Marilyn Monroe aún era Norma Jeane Mortenson, una chica californiana nacida en 1926 que parecía no tener un gran futuro.

Textos mecanografiados y manuscritos en hojas sueltas y en libretas y cuadernos escolares, y 33 fotografías desconocidas están incluidos en el libro Fragmentos, editado por el francés Bernard Comment y el productor de cine estadounidense Stanley Buchthal.

Gracias a este volumen que se ha revelado como un genuino tesoro para conocer el alma de un cuerpo apetecido por millones, ahora sabemos que Marilyn era una mujer que devoró poesía en grande cantidades, además de obras monumentales como Ulises, de Joyce. Marilyn, aunque a muchos les provoque una sonrisa, no era sólo una rubia bonita. Era una rubia bonita y culta.

El tesoro

Cuando en 2007 Anna Strasberg descubrió las dos cajas con los textos y fotos de Marilyn, de momento no supo qué hacer con todos aquellos papeles viejos y amarillentos. Entre las cosas que había heredado de su marido, el profesor Lee Strasberg, había toda clase de objetos de la actriz: cosméticos, recetas de cocina, documentos oficiales, ropa… pero Anna nunca había reparado en el par de cajas que contenían genuino oro molido.

Sin saberlo, los Strasberg habían recibido de Marilyn su legado literario, la producción de una vida casi secreta que Marilyn apenas si había compartido con amigos muy cercanos y con el escritor Henry Miller, uno de sus maridos. Durante varias décadas, todo ese legado había permanecido olvidado en un desván del edificio Dakota de Nueva York, donde vivió hasta su muerte, en 1982, Lee Strasberg, el profesor del Actors Studio a quien la actriz decidió nombrar heredero.

Anna Strasberg pidió consejo a un viejo amigo de la familia, el productor Stanley Buchthal, y éste comenzó a mover los papeles entre editores y coleccionistas. Poco a poco la idea de editar un volumen con los documentos fue tomando forma hasta concretarse. No tenía que ser un libro sobre Marilyn sino un libro de Marilyn. Entonces se comenzó a preparar la edición del libro en inglés y muy pronto empezaron a venderse los derechos para publicarse en otros idiomas, casi al mismo tiempo que en Estados Unidos.

La revelación

La expectación por conocer los textos literarios de Marilyn creció en el mundo cuando la edición estadounidense de la revista Vanity Fair dio la primicia en noviembre de este año. Desde ese momento quedó claro que el contenido de las dos cajas encontradas por Anna Strasberg eran simple y sencillamente sensacionales. Escritos entre 1943 y 1962, los textos hasta entonces inéditos comenzaron a ofrecer detalles desconocidos sobre la frágil y tortuosa vida de Marilyn hasta un punto al que ningún biógrafo había podido llegar.

“Socorro, socorro, / socorro. / Siento que la vida se me acerca / cuando lo único que quiero / es morir”, es el fragmento de uno de sus poemas en los que expresaba una angustia vital insospechada por un mundo que admiraba y envidiaba su belleza, su gracia, su éxito, su vida entera. Pero lo que dejan claro los papeles de Marilyn son los fantasmas que despertaban en sus terapias psicológicas, el pánico al abuso sexual, su angustia de heredar la locura que padecía su madre, además de sus depresiones por la vida conyugal y la tensión a la que se sometía para cumplir con sus compromisos laborales y académicos.

“Ay maldita sea me gustaría estar / muerta -absolutamente no existente- / ausente de aquí -de / todas partes pero cómo lo haría / Siempre hay puentes- el puente de Brooklyn / Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio) al caminar parece / tranquilo a pesar de tantísimos / coches que van como locos por la parte de abajo. Así que / tendrá que ser algún otro puente / uno feo y sin vistas -salvo que / me gustan en especial todos los puentes- tienen / algo y además / nunca he visto un puente feo”, escribe Marilyn en un poema sin fecha escrito en la hoja suelta de un block.

Según los editores de Fragmentos, Marilyn sólo compartió sus esbozos poéticos con gente muy íntima, entre ellos Norman Rosten, un escritor neoyorquino que en su libro Marilyn Among Friends recordó algunos textos de su amiga.

“Poseía el instinto y los reflejos del poeta, pero le faltaba maestría”, escribió Rosten sobre las pretenciones literarias de la rubia.

En Fragmentos también se recoge una de los juicios más agudos sobre Marilyn, expresado por su tercer marido, el dramaturgo Henry Miller: “Para sobrevivir, habría tenido que ser más cínica o por lo menos estar más cerca de la realidad. En lugar de eso, era una poeta callejera intentando recitar sus versos a una multitud que, mientras tanto, le hacían jirones la ropa”.

Henry Miller es, sin duda, una de las presencias fundamentales en algunos de estos textos. Él era un hombre por quien Marilyn Monroe sentía no sólo pasión sino un profundo respeto y una admiración casi ilimitada.

“Me preocupa tanto proteger a Arthur – le amo – y es la única persona – ser humano que he conocido nunca que puedo amar no sólo como hombre que me atrae prácticamente hasta quitarme el sentido – pero también es la única persona – en quien confío tanto como en mí misma -porque cuando confío en mí misma (en ciertas cosas) confío a tope, y lo mismo confío en él”, escribe Marilyn sobre el dramaturgo, pero también sobre sí misma. De hecho, al escribir sobre otros, ella termina escribiendo sobre sí misma y la complejidad de un alma insospechada detrás de su rostro de rubia platinada.

“La imagen que Marilyn Monroe ha dejado de sí misma en el mundo de las imágenes esconde un alma que pocos sospechaban. De gran belleza, es un alma que la psicología barata calificaría de ‘neurótica’, como se puede calificar de neurótico a todo el que piensa demasiado, a todo el que ama demasiado, a todo el que siente demasiado. El destino de su vida la quiso sobre todo imagen, un icono como el rostro de La Gioconda, tras el cual no se sabe lo que hay”, reflexiona el italiano Antonio Tabucchi en el prólogo de este libro.

Hoy, gracias a Fragmentos, sabemos un poco más sobre la mujer detrás de la estatua de diosa de la cultura pop.

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